AMÉRICA LATINA… UNIDA Y DOMINADA?

Artículo publicado en la Revista OS ama Cultura de la zona de Haedo Gran Buenos Aires octubre 2011

Los nuevos gobiernos progresistas en América Latina han implementado modelos productivos que se caracterizan por ser extractivitas y agro exportadores, y que cumplen las necesidades de los mercados globales en cuanto a comodities y recursos naturales o materias primas. A la Argentina en esa nueva división del trabajo le correspondió la producción de forrajes, luego de aceites de oleaginosas y por último la producción de Biocombustibles que, en este caso son biodieseles que se producen a partir de aceites de soja. La paulatina sojización del territorio comenzó con la democracia, en un primer momento obligada a procurar divisas con que pagar los intereses de la deuda que dejara la dictadura militar. Luego la aprobación de la soja transgénica resistente a Roundup en 1996 facilitó la extensión, y por fin el nacimiento de las políticas asistenciales masivas que comienzan con la crisis del 2001/02 alientan un crecimiento exponencial, que hoy llega a más de 20 millones de hectáreas y que según el Proyecto estratégico agro alimentario anunciado por la Presidente en Tecnópolís, deberá sumar diez millones más de hectáreas en los próximos años.

 

Impactos o consecuencias del modelo de la sojización

Más que impacto nosotros preferimos hablar de consecuencias, ya que el concepto impacto suscita la idea de falta de previsibilidad del fenómeno y de esa manera, se tiende a evitar buscar responsabilidades. En este caso cada situación habida, tales como despoblamiento del territorio y urbanización forzada, contaminación de las fuentes de agua y de las nacientes de los ríos, multiplicación de casos de cáncer y otras enfermedades terminales en la población debido a las fumigaciones, ingesta de comida chatarra por imperio del modelo de Agronegocios y las cadenas agroalimentarias, etc., debió haber sido prevista por quienes decidieron esas políticas. De esta manera, será alguna vez posible hacerlos responsables y dado el número impresionante de víctimas, juzgarlos por crímenes de lesa humanidad. Pese a ello, en los últimos tiempos y con respaldo electoral del conjunto de la dirigencia política partidaria, se tiende a institucionalizar el modelo de la sojización, modelo que se naturaliza y sobre el que ya no se habla. De hecho ninguno de los partidos toca el tema. Las políticas sociales tienden a solucionar los problemas agudos de una población apiñada en las grandes urbes, y los movimientos ambientales y de protesta dejan de cuestionar el modelo para implementar reglas que lo hagan más aceptable, que lo adecenten y a la vez lo legitiman. Me refiero a las recategorizaciones de agrotóxicos o las discusiones por alejar las fumigaciones de los límites periurbanos que se justifican desde las necesidades de los vecinos afectados pero que implican gravísimos errores cuando se tornan luchas estratégicas de las organizaciones ambientales.

Cómo salir de la sojización?

El modelo se encuentra fuertemente implantado y se hace sumamente difícil que se lo pueda volver atrás. La Argentina es actualmente, un país agro exportador con monocultivos extensivos, donde ya no hay población en el campo, tampoco existe la mínima infraestructura necesaria para buscar alternativas productivas: no existen alambrados, ni torres de molino ni aguadas…se han perdido los saberes rurales y los pequeños productores se han transformado en rentistas que viven vidas sedentarias en los pueblos y han perdido sus antiguos hábitos de trabajo. Por otra parte la desnutrición cuando no el hambre, son una realidad que la Argentina no había vivido jamás. Uno de cada tres niños sufre desnutrición, en las ciudades crece la obesidad y la pérdida de salud es tan alta, que no es posible imaginar vivir sin Obras sociales o algún tipo de asistencia médica permanente. Las próximas generaciones de argentinos alimentados con comida industrializada, con altos porcentajes de ingesta de transgénicos y comida chatarra, no serán ni siquiera parecidas a las anteriores. Si le sumamos a ello la des territorialización, el extrañamiento, las rupturas familiares que implican los despoblamientos, la pérdida memorias y de saberes que se dan en los nuevos habitas urbanos, la inseguridad y la violencia de la vida periurbana a la que se ven sometidos los desarraigados, podemos imaginar que tanto la fortaleza como la inteligencia y la capacidad de innovación que caracterizaron a varias generaciones de pioneros, es probable que desciendan de modo muy fuerte.

¿Cuales podrían ser las alternativas para restaurar el daño ocasionado?

La alternativa sería la generar un Proyecto Nacional que implique recuperar gradualmente la Soberanía alimentaria. Ello implica desurbanizar y recolonizar el territorio, multiplicar las ferias locales de productos sanos y sin cadenas de frío y packaching, alentar el retorno al campo de la población, a la vez que fijarle reglas a los monocultivos, de tal manera que permitan preservar crecientes áreas para las producciones de pequeña escala. Se trataría además de asegurar o subsidiar con precios sostén los alimentos destinados a la mesa de los argentinos y que integren sus patrimonios alimentarios tradicionales.

Debemos comprender y aprender a reconocer el rol de las Corporaciones en épocas de Globalización, que han reemplazado lo que en el viejo paradigma de los años 60 / 70 era el imperialismo. Ahora son las Corporaciones las que deciden y establecen los hábitos de consumo y las necesidades. En el modelo de la sojización es preciso diferenciar a los sojeros y rentistas tradicionalmente opositores al gobierno, de los grandes sojeros que pusieron distancia en los conflictos y salieron inmensamente beneficiados de la llamada crisis del campo. Me refiero en especial a Gustavo Grobocopatel, Eduardo Elsztain con sus empresas IRSA y CRESUD y por último los Wertheim. Grobocopatel hoy es dueño de una transnacional con oficinas en Manchester y en San Petersburgo, y muy fuerte presencia en todo el Cono Sur[1]. Eduardo Elsztain es a su vez, tesorero del Consejo Judío Mundial en NY, es presidente del Banco Hipotecario, dueño de casi todos los Shopping de Buenos Aires y de gran parte de Puerto Madero, además dispone según se calcula de más de 900 mil hectáreas y es el mayor desmontador del noroeste argentino [2]. Recomiendo leer el prólogo del libro la Mafia judía de Fabián Spollansky que se puede leer en este sitio del GRR para poder entender quiénes ganaron y quiénes perdieron con la llamada Crisis del Campo. [3]

En el caso de la empresa Monsanto entiendo que hemos sido el experimento más exitoso de su historia corporativa. Primero porque dispone de un laboratorio gratuito donde prueba sus productos sobre la ingesta de más de 40 millones de ratones. También, porque la aprobación de su SojaRR en la Argentina sobre la que NO cobró regalías, le permitió entrar de contrabando con sus semillas en países dónde los OGM estaban prohibidos tales como en Brasil, Uruguay, Paraguay y Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Fuimos de ese modo el portaviones de Monsanto en el Cono Sur. Un enorme negocio, en especial en Brasil, donde, habiendo una legislación que prohibía la soja GM, debemos decir que, cuando Lula asumió el gobierno se encontró con que tenía más de 40 millones de toneladas de Soja RR para exportar. Tuvo que pasar por encima de la ley y legalizar el cultivo, lo mismo hizo Paraguay. En Bolivia, Evo cuando lo amenazaba la inminente guerra civil con Santa Cruz, debió aceptar la mediación de UNASUR y la presencia en La Paz de Cristina y Lula que lo convencieron de modificar la Constitución y permitir el cultivo de OGM. Con eso bastó para disolver la situación en que se vivía. De hecho el grueso de gobiernos progresistas de América Latina incluyendo a Cuba, no solo están de acuerdo en cultivar soja para piensos y balanceados de animales en encierro, sino que no ponen reparos a los OGM (organismos genéticamente modificados) y en todo caso cuestionan quiénes son los que los manejan. Cuba ha instalado en Bolivia como en Venezuela fábricas de yogures de soja tal como tiene en la propia isla y tanto en la Argentina como en otros países el debate de buena parte de la izquierda se da sobre la necesidad de una “Biotecnología nacional”, no sobre el cuestionar las tecnologías de transgénesis. La soja nos plantea debates muy serios sobre los conceptos de colonialidad, de crecimiento y también sobre el respeto a los ecosistemas, así como sobre los caminos hacia la modernidad. Un cuestionamiento a la sojización debería entonces desde perspectivas ecológicas, negar la escala así como los coneptos del agronegocio y la producción industrial de carnes que convierte al animal en producto. También se deberían cuestionar los nuevos colonialismos que implican la supeditación al manejo de las corporaciones y la idea de Crecimiento que subordina la salud y la felicidad de la gente al aumento del producto bruto. La institucionalización de un “combo soja asistencialismo” con las rentas de la soja, crea actualmente una situación de difícil salida para nuestro país, y nos expone a todo tipo de incertidumbres y vulnerabilidades por parte de los mercados globales y las crisis financieras que se multiplican en el mundo de manera cada vez más y más alarmante para nuestro porvenir.

Jorge Eduardo Rulli

http://www.facebook.com/gruporeflexionrural

 

El video que la televisión pública no mostrar

Audios del GRR sobre el acaparamiento de tierras

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