Podemos percibir con claridad en la Argentina dos niveles de realidad cada vez más marcados y diferenciados. Uno es el que podríamos llamar en un sentido extenso como de la política, tal vez de la política en variación de farsa o acaso de farsa pero en modo de que esa farsa se confunda con la política. Este nivel se constituye en base al común de las noticias que nos llegan a través de los medios y se compone de discursos, de confrontaciones, de promesas e interpretaciones, de acusaciones y de todo tipo de fuegos de artificio. Este nivel es cada vez más intenso y abruma por el poder mediático que lo expresa, poder bifronte y enfrentado, Clarín / Gobierno, pero absolutamente funcional al objetivo de alimentar una realidad ficticia que nos enajene, que nos ocupe y entretenga. Es lo que muchas veces hemos llamado un escenario de gigantesca simulación. Cada nuevo discurso de la Presidente apunta a fortalecer esta verdadera hechicería que se constituye como una Meatrix propia de los argentinos y con raíces en la propia historia contemporánea y más precisamente en el setentismo camporista. Lo mismo hace cada nueva Carta abierta que emiten los mandarines del intelecto desde la Biblioteca Nacional y cada programa 678 en la televisión oficial, ahora en franca retirada debido a la promoción funcionarial de una generación más joven y bastante caníbal, nacida para reemplazarlos, con mayor audacia que ellos pero sobre todo con menores principios... Lo mismo hace TELAM con el Néstor éternauta, así como el Canal oficial y la Radio Nacional, convertidos por el PRT ERP de Víctor Santa María en una propaladora escandalosa de divagues ideológicos y rencillas políticas para el arrobamiento estupidizante de la audiencia radiofónica. Las mismas acciones realizan las numerosas usinas de los servicios, ahora volcados con ardor digno de mejor causa a la política partidaria, usinas que no descansan sosteniendo desde las sombras los fuegos fatuos del simulacro. La Cámpora, el movimiento Evita, la Tupac de milagros en Salta y muchísimos otros grupos clientelares y basados en el secuestro de indigentes a cambio de los planes asistenciales que manejan o las viviendas que construyen con los dineros del Estado. Todos ellos aportan cada cuál a su manera, a mantener este universo ficticio que en realidad es un agujero negro de miles de millones de dólares, agujero que se hace cada vez más profundo y más complejo, también mucho más incierto ante los horizontes de crisis que se avecinan... Es en esta zona y a medida que se desagregan las alianzas y se vacían los discursos, en ese espacio en que se exhiben crecientes debilidades, donde se van generando franjas intermedias en las que medran aquellos grupos que, sustentándose en interpretaciones gramscianas, juegan tanto de opositores cuanto de oficialistas, mientras buscan convencernos que, se justifica que crezcan en los intersticios del poder para generar de esa manera nuevas hegemonías. Apuntan estos oportunistas a generar pensamientos críticos, críticos sí, pero no tanto como para que deban abandonar la gran teta del asistencialismo y del prebendarismo. Están, entre ellos los que lloran sus muertos en Santiago mientras se esfuerzan ante una audiencia cada día más escéptica, por diferenciar al gobernador provincial del gobierno nacional al que respaldan. Estos grupos cuestionan con dureza el modelo de los agronegocios, pero a la vez reciben sin mayor pudor los subsidios del Ministerio de Agricultura que, al parecer y según ellos, poco tendría que ver con la sojización que impulsa el multimedios Clarín, sino que se propondría promover la agricultura campesina... Están asimismo, en el ancho espectro de los gramscianos que cultivan las doctrinas del posibilismo, aquellos periodistas que se lamentan por que algunas veces, les mutilan sus escritos en el Boletín oficial, mientras continúan sirviendo de manera funcional las tribunas del simulacro oficialista. En definitiva, una fauna inverosímil, biodiversa, multifacética, camaleónica y aprovechada, que engrosa los contingentes incontables en que, en época de final de fiesta, y al borde mismo del abismo de la catástrofe planetaria, en medio de colosales confusiones y travestimientos, se mezclan los oportunistas con los equivocados y los ingenuos con los rehenes de un modelo de capitalismo perverso, ahora para peor, aderezado con discursos progresistas, cuando no de subido tono de izquierda retórica…
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Si el año once terminó mal y con anticipaciones de que las cosas no mejorarían para el común de esta pobre humanidad, este año comenzó peor todavía, y como para dar de esa manera, mayor pábulo a ciertas profecías que circulan, en una sociedad que consume hasta sus propios terrores ancestrales. A las amenazas de una crisis global de los países de Europa que, acosados por la recesión, las deudas y un cada vez mayor desempleo, continúan tambaleándose al borde del precipicio, se sumaron ahora las posibilidades de una guerra de los EEUU con Irán y el consiguiente posible descalabro de los flujos petroleros. En ese contexto de total incertidumbre, la cumbre mundial de Durban que debía ocuparse de remplazar al Protocolo de Kyoto por otros mecanismos capaces de poner freno al creciente Cambio Climático, resultó absolutamente incapaz siquiera de alertar sobre los peligros que se avecinan. Una vez más, lo inmediato se impuso a lo importante. En esta oportunidad, las Corporaciones que dominan el mercado global de granos y que lideran los procesos de agriculturización con tóxicos y semillas transgénicas en el mundo, trataron de que se las reconozca como impulsando procesos que retienen carbono y morigeran el cambio climático, con lo cuál lo único que se logró probar es la colosal locura de un sistema irrefrenablemente depredador y caníbal, que aún frente a la posibilidad cierta de una catástrofe cercana, no puede dejar de pensar en cómo hacer para continuar aumentando sus ganancias.
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Los Editoriales radiales son uno de los últimos resquicios de comunicación de que disponemos en esta sociedad cada vez menos plural y más homogenizada, vale por ello mismo, que en este último programa del año dos mil once, intentemos realizar un balance de lo actuado en el año que concluye. En principio, podríamos decir que fue un año intenso, un año marcado por numerosas confrontaciones y disputas políticas pueriles o al menos accesorias a lo importante, confrontaciones y querellas alentadas por el Gobierno mismo para distraer de la terrible realidad de un modelo productivo que nos coloniza, así como para canalizar las ambiciones de hegemonía del poder de clase que ejercen y de los discursos comunicacionales que nos imponen. Como GRR logramos mantenernos al margen de esas colisiones generalizadas y nos esforzamos por continuar planteando los grandes temas pendientes: la pérdida de Soberanía Alimentaria, las nuevas colonialidades producto del modelo de la sojización, el desinterés extremo por los grandes temas ecológicos y por el cambio climático. Digamos asimismo, que ese desinterés, traducido en falta de políticas ambientales, se dio tanto en el campo interno como en las políticas internacionales. En la reciente reunión en Durban sobre Cambio Climático, la numerosísima delegación argentina que viajara, motivada por razones puramente turísticas y de compras, así como de búsqueda de emociones fuertes, no tuvo políticamente ninguna relevancia en el encuentro, y tan solo se preocupó porque los debates sobre el mercado de los bonos de carbono, no significaran obstáculos a la posibilidad de continuar extendiendo los monocultivos de la soja transgénica en la propia Argentina…
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Según lo prometido antes de las últimas elecciones, el modelo se profundiza. La profundización del modelo resulta un naufragio en que la política es ahogada por los agronegocios, cuando todavía en medio de la borrachera postelectoral, se mezclan los restos de discursos y de ideologías. El mercado sin embargo, impone sus reglas en todos los frentes y lo que resta del arsenal del progresismo, se reduce a protestar las víctimas sociales como quién se desgarra las vestiduras, mientras negocian con el Club de París, hacen franela con los barones empresariales, tratando de aplicar las lecturas de Gramsci a poder conformar una burguesía con las oficinas locales de las Corporaciones transnacionales, y además, en el final de fiesta de las rentas de la sojización, llevan adelante una gradual quita de subsidios. Cuando el mercado se impone tal cómo ahora está ocurriendo, la profundización del modelo es la producción lisa y llana de Biocombustibles como Proyecto de país. En ese contexto los discursos y los prontuarios de los que se suman, se someten al poder de los Agronegocios y la coartada de engrosar espacios propios o de romper el cerco de la Presidente, no hace sino legitimar con excusas y argucias el proyecto colonial y los dineros que se reciben. Cuando la globalización instala como doctrina la RSE y cuando las ONG y las empresas certificadoras, las Universidades y los centros de investigación y desarrollo, tienen por principal objetivo el de promover nuevas políticas ambientales o de derechos humanos que acompañen el accionar de las empresas y mejoren o adecenten la calidad de los productos, sumarse a miradas no cuestionadoras del conjunto significa la legitimación del sistema mundo al que llamamos globalización. Ese sistema necesita de sectores disconformes que participen, que estén adentro del sistema, que en última instancia y más allá de ciertas disonancias sean funcionales, que lo legitimen. En los actuales cursos de Management empresarial o de búsqueda de fondos y donantes, no está mal visto usar camisetas con la efigie del Che. Bajo los retratos y pinturas que homenajean al Roby Santucho, profusos respaldos prebendarios pasaron a engrosar algunas economías de las vanguardias iluminadas que pretenden expresar al mundo indígena y campesino. Los nuevos dueños de la Argentina no se molestan ni preocupan por el pasado de sus nuevos servidores que, en todo caso, suma aderezos folklóricos a un presente sin memoria ni espacios éticos que perturben los criterios de minimizar las pérdidas y maximizar las ganancias. Los nuevos dueños de la Argentina, como Grobocopatel, Elsztain, Werthein, Eurnekian, Mindlin y tantos otros, ocupan el nicho que alguna vez fuera de la vieja oligarquía vacuna… pero son infinitamente más peligrosos y astutos que los viejos amos de la Argentina del siglo XIX y principios del XX…
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